Nuestro tercer cerebro

Nuestro tercer cerebro

Las mariposas en la panza, que sentimos cuando estamos enamorados, o los retorcijones antes de un examen, llamado comúnmente, caprex, son dos ejemplos conocidos de la conexión que existe entre nuestro cerebro, nuestra mente y nuestro sistema gastrointestinal.

Se sabe que el cerebro se conecta a través de un tipo de neurotransmisores con el intestino. Las nuevas investigaciones demostraron que también el intestino se conecta con el cerebro, a través de la microbiótica. Dicha microbiótica está compuesta por bacterias, protozoos, virus, hongos, los cuales, realizan tareas muy beneficiosas para nuestra salud. Estos millones de bacterias que están en nuestro intestino, constituyen ecosistemas. Si se desequilibra ésta microbiótica, podemos enfermarnos físicamente, además de ser capaz de alterar nuestro estado de ánimo y cognición, desencadenando ansiedad o depresión.

Por lo tanto, existe una gran conexión entre nuestro sistema gastrointestinal y nuestra mente, pues se ha demostrado, que algunas bacterias intestinales, segregan o modulan sustancias neurotransmisoras como la serotonina, acetilcolina y Gaba, que regulan muchos de nuestros procesos neurológicos y fisiológicos.

Los científicos demostraron que estos micro-organismos actúan directamente sobre nuestro Sistema Nervioso Entérico que es el que se encarga de controlar nuestro aparato digestivo, el cual a su vez, se comunica con nuestro cerebro.

Por lo tanto, se descubrió que tenemos un tercer cerebro, el Cerebro Entérico, que también se cree que regula nuestro sistema inmunológico intestinal, el cuál modula a su vez, el Sistema Nervioso Central.

En el año 2013 Ted Dinan, psiquiatra irlandés, introdujo los psicobióticos, que son bacterias que cuando se ingieren en determinadas cantidades, mejoran la salud mental.

Actualmente, todavía se sigue investigando con estudios pre- clínicos en ratones, por los cuales, todavía se desconocen sus mecanismos de acción.

En un futuro no muy lejano, dichos psicobióticos, podrían beneficiar la depresión, la ansiedad y el síndrome espectro autista.

Tanto el ejercicio físico, como la alimentación y la estabilidad emocional, ayudan al equilibrio de nuestro Cerebro Entérico.