La ardilla que gira

Muchas veces nos podemos sentir que estamos inmersos en un mundo difícil, conflictivo de permanentes cambios, sentir que giramos en él como en una enorme tómbola que nos lleva y nos trae en un vaivén inagotable. Podemos sentirnos víctima de dicha circunstancia, por lo cual nos paralizaremos sintiéndonos perdidos en un laberinto de pensamientos que no tienen salida y si continuamos dentro de esos pensamientos, hasta podremos perder la capacidad para razonar de una manera sana. Como el cuento de la ardilla que se pone a girar y girar en una rueda, sin moverse, en el mismo sitio, siguiendo tan prisionera como antes de haber comenzado.

O por el contrario ponernos y sentirnos activos para poder modificar dicha circunstancia.

Si observamos la ley de los opuestos, que dice que todo es dual, que todo tiene dos caras, que los opuestos son en realidad idénticos que sólo se diferencian en grados, que pueden conciliarse porque los extremos se tocan, podremos ver la otra cara de la moneda.

Por lo tanto, para salir de asta enorme tómbola necesitaremos de nuestro esfuerzo, de nuestra voluntad, de darnos cuenta. Implica dirigir nuestro pensamiento hacia la meta que queremos lograr, para ello deberemos revisar, hacer consciente las creencias que condicionaron nuestros pensamientos.

Algunas creencias del pasado pueden llegar a limitar nuestros objetivos presentes. El miedo a cambiar es uno de los mayores obstáculos, hay un dicho popular que dice mejor malo conocido que bueno por conocer. Pensamos que lo conocido nos protege, pero no es así, sólo hemos conocido los recursos para afrontar lo malo que nos pasó, sin darnos cuenta que todos los recursos que fuimos descubriendo a lo largo de nuestra vida no sólo no se pierden, sino que siguen dentro nuestro como recursos muy valiosos.

Aprender a pensar, esa es la idea, pintamos nuestra vida con nuestros pensamientos, y esto se convertirá en nuestra historia, depende de nosotros.